Authors:

Laura Gil Álvarez, Universidad de Extremadura, Spain.

Abstract:

Joyerías, panaderías o tiendas de artilugios, emergían en los núcleos de las ciudades históricas del diecinueve y principios del veinte. Comercios centenarios que, con sus fachadas diseñadas al más puro estilo modernista, de gran valor arquitectónico y artístico, dotaban de multifuncionalidad a los centros históricos, otorgándole una “imagen urbana” con fuerte seña de identidad e idiosincrasia propia. Estos inmuebles patrimoniales, sucumbidos al compás del vaivén generacional, han sido retados por el cambio de patrones de consumo, la subida de impuestos, la implementación de cadenas foráneas multinacionales o al E-commerce. La estandarización comercial de los centros de las ciudades o, lo que es lo mismo, el fenómeno de la “londonización”, resta atractivo visual al entorno o el cierre de locales ahogados en pérdidas económicas. Frenar la homogeneización, incorporando herramientas de venta on-line, acciones de capacitación, promoción y publicidad, bajo una visión competitiva e innovadora, debe formar parte de una “cultura de compra” diseñada en las políticas, planes y estrategias de las administraciones locales. Pues, más allá de la fosilización de un comercio histórico en “museo”, la población residente tiene que visualizar oportunidades apoyadas en la economía local. Asimismo, la personalidad de un destino y la tradición de sus calles, generan atractivo para el turista. Fachadas que son fotografiadas, y curiosos que interactúan con las tiendas, son motivo para que estas sean desmarcadas de cierto “rigor medievalista” de las políticas públicas, asuman relevos generacionales, y ser un aliciente en la creación de “destinos turísticos de excelencia” abrigados en el producto y la autenticidad del sitio.

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